divendres, 10 de juliol de 2015

Sobre... El pobrecito hablador

Avui m’ha escrit la Mari Carmen «desolada» perquè s’acaba d’assabentar que el Full Verd no es publica en paper —també fa vacances— a l’estiu. «He fet tard»

Farem veure, doncs, una vegada més que aquest bloc és el Full Verd... virtual. Aquestes són les seves paraules d’endreça i el text pròpiament dit que planteja un tema al qual jo també hi he donat voltes més d’una vegada: «el bé és fer-lo»:

Hola Santi. T'adjunt un escrit destinat al Full Verd: he fet tard! Em sembla que seria bo que uns quants amics ho puguin llegir. El Senyor em va fer un regal immerescut el passat día 10. Encara ara hi penso i miro de comprendre què va passar i provo de trobar paraules per descriure què vaig sentir i com vaig ser capaç d'apropar-me a aquell germà tan necessitat d'afecte i tan carinyós. Bona nit, Pau, i fins demà.

Noche de habaneras

En la pasada reunión de la Comunitat de Serveis, alguien dijo «Hacer el bien hace bien». Es verdad. Es lo que dicen todos los amigos que colaboran en la comunidad, aquellos que lo hacen a través del Full Verd y aquellos que hacen tanto y tanto y guardan silencio. Cada uno de nosotros somos diferentes y actuamos de diferente manera. Yo soy de los que hacen mucho ruido pero aporta pocas nueces. Pero un día el Señor me «pilló» y… Os ruego que leáis: hacer el bien hace bien
Sentadas plácidamente en un banco de mortero íbamos oyendo y cantando las habaneras. En el Port Olímpic hacía calor. A lo lejos, junto a la línea del horizonte, casi tocando el mar, contemplábamos una luna llena, enorme, que brillaba sobre el mar. 
De uno de los bancos a nuestra izquierda se oyeron voces de personas que abandonaban deprisa su asiento. Sólo quedó un hombre sentado, encogido hacia adelante con un largo palo blanco. Había peligro. Podía hacerse daño; ante él había un desnivel de unos metros, y en el fondo, el suelo era de piedra. El desconocido iba solo, nadie se había quedado a su lado. Me acerqué a él. Era alguien recio y flaco; su ropa, que tiempo atrás parecía haber sido de calidad, estaba muy sucia; su rostro, sus brazos y sus manos que estaban muy curtidas por el aire y por el sol, mostraban una gran falta de higiene. La expresión de su rostro conmovía hasta a las piedras. Su mirada, casi perdida, era triste. Oí una voz humana femenina haciendo un comentario inhumano sobre el caballero sin nombre y sin voz, que me dolió mucho. 
Intenté cogerle el palo, pero este verdadero ecce homo no me lo permitió. Le puse mi mano en el hombro derecho mientras yo decía algo así como «No, no, verás cómo te pondrás bien». Acercó su mejilla sobre mi mano apoyada aún sobre su hombro. Manifestaba claramente su necesidad de calor humano, de ternura. Había empezado a llorar amargamente. 
El tiempo que este episodio duró no lo sabría calcular. También me resulta difícil expresar lo que me estaba ocurriendo. Como si estuviera invadida por un calor y una paz inmensos y todo lo que hice o dije al pobre caballero fue pura espontaneidad: ¡Allí estábamos tres, tres en uno, muy identificados entre nosotros! Así lo sentí. No sé explicarlo. 
Ahora nuestro ecce homo ya me tomaba los antebrazos y los besaba, me cogía la mano y se la llevaba al corazón y a la mejilla; parecía querer darme las gracias. Seguía llorando su soledad y su abandono. De distintas formas me indicó tres veces que quería morir —push, push, era lo único que balbuceó— «No, no, verás, te vas a poner bien». No sé si me entendía. Después elevó su mano izquierda: con su dedo índice señaló el cielo. 
Finalmente vino la policía que se hizo cargo del hombre-de-dolor. 
¿Por qué cuento este hecho? Porque Jesús me ha hecho un regalo inmerecido: he sentido intensamente su  p r e s e n c i a . Jamás me hubiera creído capaz de hacer una cosa así. Seguro que fue el Señor quien nos llevó en volandas a mí y al caballero de la tristeza y de la soledad, al caballero carente de amor. No lo olvidaré. A través de la oración recordaré y daré gracias por la alegría recibida. 
«Sin mí nada podéis hacer». El Señor nos lo dice cada día, pero a quien esto ha contado, se le olvida siempre. 
El pobrecito hablador...

1 comentari:

Santi Pau ha dit...

M'ha escrit la Carmen i em diu:

Santi, hace muchos días que deseaba mostrarte contento por tu afectuosa felicitación de Carmen. Lo intenté a través de tu blog y perdí el borrador varias veces. Gracias, querido hermano.
El escrito que te envié era para tu personal lectura. No importa.
Caminando simplemente por la calle con los ojos abiertos te encuentras a veces pobres, pobres necesitados de ayuda instantánea. He visto gente que pasa de largo: se te queda helado el corazón. También hay gente extraordinaria, que te hace pensar lo bonitas que podrían ser las relaciones humanas, la vida.