dimecres, 28 d’octubre de 2015

Sobre... La misericòrdia

«Nosaltres també tractem d'infondre ànim»

Júlia va obrir la reunió d'ahir amb la lectura d'un article de la revista Illuminare del Servicio de Pastoral Misionera (Núm. 395. Octubre 2015 Any XCIII) 
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Se han preguntado alguna vez qué historia hay detras de la foto que vemos en un cartel del Domund? La que se esconde tras la imagen de este año nos la cuenta de primera mano la misionera Antonia Valverde Fernández, de las Hermanas del Amor de Dios, desde la diócesis de Santa Clara, en Cuba:  
«Aida es una hermosa mujer, de formación sólida —fue maestra— que perdió a su marido, Emilito, después de vivir con él más de 60 años. Es de los pocos matrimonios que se casó por la Iglesia, y de fe inquebrantable. No tuvieron hijos. Al fallecer su marido pasó un tiempo desamparada, sola, desconsolada, dejada por completo y casi ciega por no operarse de cataratas. A las Hermanas nos quiere mucho: nos considera su familia. Nosotras estuvimos presentes ya antes de la enfennedad de Emilito, pues al ser un matrimonio mayor de la Iglesia los visitábamos, les dábamos la comunión y les cantábamos los cantos que ellos pedían. 
Esto no lo hacíamos solas: mucha gente de la Iglesia estaba pendiente de ellos. Por la edad, la limpieza de sus personas y de la casa era pésima, incluso con animales, llegando a coger la enfermedad de la sarna. Por las únicas que se dejaba aconsejar y ayudar era por nosotras, que la escuchamos y hacíamos por ellos lo que estaba a nuestro alcance. En toda la enfermedad de Emilito. desde que se cayó hasta que falleció, hicimos lo que pudimos por los dos, luchamos juntos para que fueran atendido, llevamos a médicos conocidos a su casa, lo llevamos al hospital. Fueron meses de búsqueda sin resultados. Después de luchar tanto pudimos conseguir una silla de ruedas. 
Cuando llegó Emilio se puso muy contento. Horas más tarde cayó en coma y falleció. Aida no olvida la lucha que mantuvimos con ella para ayudarles. Con nosotros está muy agradecida. Después de fallecer Emililo, Aida no soltaba el llanto. Se agarró a la foto de su marido y se echó a morir. Nosotros le llevamos la comida, la consolamos y escuchamos todos los días la repetición de su queja. Fueron muchos años de amor y compañía con su esposo. Le aconsejamos que metiera en la casa a una familia que la ayudara. Aida se negaba; tenía miedo que le hicieran daño. 
Al fin se dejó, y desde hace dos meses vive con ella una familia del campo que la cuida. El cambio que ha dado es radical. El Señor hace maravillas con sus pobres. Ella está bien atendida y contenta con la gente que ha entrado en su casa que hasta el momento sigue portándose muy bien conn ella. Nosotras seguimos visitándola y dando gracias a Dios por ella. Hace un mes la han operado de un ojo, y está como una niña con zapatos nuevos. Feliz de poder ver. Esta es la historia de Aida; se va a poner contenta cuando sepa que va a salir conmigo en el cartel. Mi familia, mi pueblo de Hullas (Murcia) y mi congregación también, cuando me vean. Que todo sea para mayor gloria de Dios. Mi cariño y gratitud a las cuatro personas de Ranchuelo que han hecho lo posible y lo imposible para que la foto pudiera llegar hasta ustedes.  
Escribo rápido, pues me voy a Santa Clara, donde, con un grupo de 40 niños y adolescentes de la Infancia Misionera de la diócesis viviremos este fin de semana la ELMI, Escuela de Líderes Misioneros Infantiles. Oren para que nos dejemos todos renovar en entusiasmo por Dios y por darlo a conocer.  
Que el Señor pague todo el bien que hacen. Con mucho cariño 
HNA. ANTONIA VALVERDE FERNÁNDEZ
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Després d’aquesta lectura només afegeixo aquestes petites reflexions: 
Remarcar la semblança del que fem nosaltres i el que estan fent les missioneres de la misericòrdia, en aquest cas les Hermanas del Amor de Dios a Cuba 
Com elles, nosaltres també tractem d’infondre ànim a les persones que se senten soles, i ajudar-les en allò que està al nostre abast com si de familia nostra es tractés, i aconseguint que elles també acabin per dipositar en nosaltres tal confiança com si fossim un familiar seu
Infonem per tant confiança i esperança intentant que aquelles persones que visitem no se sentin abandonades, sinó que ens tenen al seu costat 
Estem a punt de començar l’Any de la Misericòrdia i, sense portar hàbits blancs com els missioners, ens podem sentir una mica protagonistes com la germana Antonia Valverde. I és que el voluntariat és obra de misericòrdia 
Que sapiguem doncs deixar que la misericòrdia de Déu actui a desdir a través nostre 
És el meu desig i la meva pregària
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